Para muchas personas que lo padecen, el olor al humo del cigarrillo, los perfumes fuertes o los productos químicos de limpieza actúan como un desencadenante instantáneo. Esto se debe a un sistema olfativo hiperconectado que elude el filtrado sensorial típico y envía una señal de "amenaza" inmediata a los centros de dolor del cerebro.
Si ciertos olores le sirven de desencadenante, es probable que su sistema nervioso ya esté cerca de su umbral. Identificar estos desencadenantes olfativos en sus registros ayuda a crear un entorno más seguro y le muestra a su médico el panorama completo de su sensibilidad sensorial.
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